sábado, 16 de agosto de 2014

¡Ni una sola risa!

Disfrazado de vendedora de manzanas, así se presento aquella tarde, en la que debía pedir algo especial,  él pensó que pudiera ser más fácil llegar de ese modo a su amada. No sabía cómo hacerlo y nada más lejos del acercamiento, ¡ni tan siquiera risas!, no era la fruta que más le gustaba.
Rápidamente se enzarzaron en un intenso debate, para acabar al cabo de unas horas, cenando en uno de los restaurantes cercanos al puerto  -previo cambio a comprador de marisco- .

Miren E. Palacios 
Barcelona, 21 de abril de 2013


No hay comentarios:

Publicar un comentario